Barba papá

El pasado 4 de febrero en el página de facebook del grupo de música corporal brasileño Barbatuques se informaba que había fallecido su creador, Fernando Barba. Debajo del comunicado más de 2000 comentarios se lamentan y saludan al grupo, sus amigos y su familia. Muchísimas publicaciones en redes sociales no sólo de la comunidad musical de San Pablo, donde residía, sino de muchas personas del todo el planeta vinculadas a su legado más sobresaliente: el desarrollo de la música corporal. Incluso portales noticias tan importantes como Folha y Globo informan al respecto, visibilizando la obra de un artista después de su muerte (una vez más). Por las dudas, añado al final de este artículo diversas fuentes donde conocer algo más de su obra, si es que aún no la conocen. 

Personalmente lo que me vino a la cabeza cuando leí que había fallecido, fue un recuerdo de cuando lo conocí, allá por 2002, en un bellísimo festival de percusión en Campinas, un pequeña ciudad universitaria cerca de San Pablo. Fue un viaje revelador en lo personal. Hacía poco tiempo que había ingresado a la Escuela Universitaria de Música a estudiar percusión. Con toda la barra de la cátedra marchamos para el festival: hicimos eventos, vendimos bonos y cosas así para viajar todos juntos. Horas de ómnibus para llegar hasta allá, a una universidad tan grande que tenías que tomarte otro ómnibus dentro de ella para ir de una facultad a otra. Vimos grupos de percusión impresionantes de todo el mundo. Tomamos clases con grandes maestros, obviamente con mucha presencia local. Dentro de ese programa estaba la presentación de Barbatuques y el taller de Fernando Barba. 

No conocía a Barbatuques. Tampoco había visto nunca un grupo así. ¡Me encantó! Creaban un montón de diseños rítmicos, desplegaban un amplio abanico tímbrico sumando el movimiento y el uso de la voz como fuente sonora, más allá del canto. Su presentación fue una invitación a jugar con/en la música, donde tocar, cantar y bailar está todo junto. Sin duda una de las grandes inspiraciones que hasta hoy llevo conmigo. 

En el taller también fue toda revelación. El tipo nos mostraba como tocar todo aquel montón de ritmos con el cuerpo y nada más. El desarrollo de la coordinación de manos y pies, el movimiento asociado a esas destrezas y todo el menú de sonidos que se podían hacer. ¡Increíble! Recuerdo especialmente una dinámica que era una especie de baño sonoro, donde todos los participantes nos sentábamos en el piso con piernas cruzadas y ojos cerrados. Barba iba induciendo distintos paisajes que debíamos imaginar y realizar su ambientación sonora con los recursos que nos había enseñado. Además él mismo iba transformando esa escena con timbres que ejecutaba con maestría pero a la vez muy sencillos de imitar y reproducir. Fue como una especie de magia ese taller. Tan así que lo recuerdo y casi casi que lo vuelvo a experimentar. 

Son piques que llevo en mi kit de tallerismo desde entonces y lograr esa experiencia transformadora en un rato de taller ha sido mi horizonte. Es muy difícil. Casi nunca he logrado conducir un taller así, aunque a veces me parece alcanzarlo. 

¡Muchas gracias querido Barba! Nos veremos en algún momento de esos, donde la magia parece alcanzarse. 

 

Enlaces: 

- Barbapapa’s groove (video de presentación en vivo de Barbatuques)

- Reseña de su libro "Vida Começava La, a - Uma Historia de Repercussão Corporal"

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